Estamos en un mundo en el cual hay un sinfín de nuevas oportunidades y donde los cambios son vertiginosos. En consecuencia, el reto es ser capaces de cambiar con él.
Investigaciones sobre neurología muestran que inconscientemente una persona cambia de opinión cuando su punto de vista pudiera generar un conflicto en su grupo.
- En particular, lo que ocurre es que nuestros patrones culturales nos han llevado a creer que el conflicto es algo negativo. Si aceptásemos que discrepancia es un sinónimo de conflicto, y además comprendiésemos que el mal manejo de la discrepancia es lo que termina de llevarnos al conflicto, tal vez la cosa cambiaría.
- En general, se sobrevalora el consenso. De hecho, el consenso es algo negativo cuando es un fin en sí mismo. Seguro que te resultan familiares esas reuniones en las cuales hay prisa por terminar y los asuntos se deciden con escasa profundidad. Se está buscando consenso.
Paradójicamente, la cultura del consenso es una práctica muy frecuente en todo tipo de equipos; sean políticos, directivos, deportistas y hasta amigos. Un gran número de malas decisiones tomadas en equipo son consecuencia de la cultura del consenso.
En la cultura del consenso, "el grupo" presiona consciente o inconscientemente a los miembros del grupo y estos terminan aceptando cosas en contra de sus pensamientos. Con ello, poco a poco, se genera un patrón de comportamiento y nadie está dispuesto a dar el primer paso y expresar su punto de vista con firmeza.
Que distinto sería si reinase una cultura de apertura hacia la discrepancia, permitiendo así crear, innovar y construir. Abrir caminos a la generación de nuevas ideas y anticipar problemas potenciales.
Tomar buenas decisiones hace la diferencia. Si te apetece intercambiar opiniones al respecto o sientes que a tu equipo ha llegado la cultura del consenso y quieres cambiarlo, contáctame.